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*_* HUELLAS EN LOS AÑOS *_*

El porque de las Huellas...

El porque de las Huellas...

A mis 26 años me siento frente a esta hoja a recordar una de las épocas de mi vida que más añoro y ha marcado grandes huellas que hoy no se olvidan...

A veces no comprendo como se puede cuartar a un niño de disfrutar su infancia, ese periodo en que nos sentimos libres, actuamos y hablamos con inocencia, aunque muchas veces los adultos no lo crean así...¡basta de reflexiones! Comencemos con este relato…

 

Dicen que un bebé en la familia es alegría, yo Silvana Andrea Farana fui la primer alegría de Santos Raúl y Maritza Mónica, dos padres muy jóvenes y sin experiencia; me recibieron en el hospital Emilio Civit a las 00:10 hs. un 17 de Febrero de 1980. Era una pequeña niña de grandes cachetes colorados, primera nieta y sobrina de dos familias muy grandes, lo que llevaría a que fuera muy mimada y sobreprotegida durante mucho tiempo.

Fui creciendo poco a poco en la calle Agustín Delgado 363, junto a mi familia materna compuesta por la abuela Gloria, y dos tíos muy inquietos: Kitty y Ale, a los cuales seguía a todos lados. Junto a ellos aprendí a jugar al Rin raje, a meterme en las acequias, y descubrir misteriosos baldíos.

Pero nada es para siempre, como dice la canción de Fito Paéz, a mis cuatro años nació mi primer hermano: Raúl, papá había formado una nueva familia y él llegaba para darles luz. Luego llegaron Juan Marcelo y Juan Manuel, hermanitos gemelos aunque hoy solo podemos disfrutar a Marce, Heber fue el último regalito que me dio papá. Por el lado de mamá también tuve sorpresas, cumplí mis 5 años con la compañera que tanto le había pedido, Cyntia; un año después apareció el revoltoso de Luciano. Y así mis dos familias fueron creciendo.

Pero vayamos a la etapa solicitada. Después de esperar durante mucho tiempo poder acompañar a mis tíos a la escuela, mi hora había llegado. Corría el año 1985 cuando mamá trenzaba mi largo cabello, ponía una bincha blanca, y acomodando la corbata del guardapolvo a cuadrille rosa, miró a mis ojos y dijo: “la Princesita de la casa esta creciendo”, tomo mi mano y salimos.

La escuela Daniel Videla Correa se presentaba imponente frente a mis ojos, con una larga escalinata que parecía interminable, sin hablar de los dos pisos que componían su estructura y esa oscura puerta que conducía al sótano.

En el jardín nos recibió la seño Mariza, tenía el nombre de mamá y su dulzura. A pesar de esto y que durante todo el camino a la escuela se me había explicado que no debía ponerme triste ni llorar, no lo pude evitar, al ver a mi madre alejarse junto con mi hermanita, las lagrimas solas comenzaron a correr por mi rostro, se detuvieron cuando el niño delante mío se dio vuelta, por vergüenza contuve el llanto; Mariano Vitori era su nombre. Una vez adentro de la salita, María Elena y María Elisa se sentaron junto a mi, ¡nunca había visto niñas iguales!; ese fue mi primer paso en el camino del aprendizaje, ya que descubrí el termino gemelas. Muchos personajes aparecieron en el jardín: Vero, que decía ser la Ada de los sueños; Mariano Ruso, un gringo fortachón; Caro, una niña dulce y coqueta. Juntos fuimos una gran pandilla, que se dedicaba investigar los rincones donde no se nos permitía el paso.

Así transcurrió ese año, plastilina, temperas de colores, paseos al tambo, la fuente donde lavábamos nuestras manos antes de la merienda, entre otras cosas, lo hicieron más fácil.

Primer grado lo esperaba con anhelo, ¡Otra vez la pandilla junta! Esta vez el color del guardapolvo había cambiado, era blanco, y también la bincha del cabello que hacia juego con mis medias azules.

La seño Mariza nos volvió a recibir, el aula era grande y compartíamos pupitres, el libro “voy contigo” era nuestra guía, pegábamos papeles de colores en las letras, luego las uníamos formando palabras, para después llegar a frases, como: “mi mamá me mima”. Conocimos el aeropuerto y el zoológico; recuerdo perfectamente el día que instalamos un Kiosco en el aula, la idea era aprender a contar y el manejo de dinero.

Fue en primer grado donde conocimos el salón de música y donde preparamos el acto del día del celador, con un cantito: “ a la ce, a la ce, a la celadora que nos cuida a toda hora, que barre, limpia muy bien y nos da leche también”, hacia mi presentación disfrazada de escoba.

Segundo grado fue un poco mas complicado, mamá había decidido que tendríamos que ir a vivir con la abuela; ¡esa idea me alegraba el alma!, ¡La extrañaba tanto!, Pero una niña tan pequeña no entendía de distancias y de tiempos. Me despedí de mis compañeros como todos los días y un 18 de abril partimos hacia la Isla Grande de Tierra del Fuego... la abuela y mamá se habían tomado muy en serio a Tato Bores cuando decía en su programa de TV: “ Hay que poblar la Patagonia”, pero él no les había dicho que su clima era muy ventoso y frío durante todo el año, tanto así que caminábamos como si lleváramos puestas armaduras y nunca podías reconocer a nadie en la calle, estaban tan abrigados que las bufandas y gorros solo dejaban entre ver los ojos. Lo primero que pregunté a mi abuela cuando llegué era: ¿quién se había robado los árboles?, todos rieron ante mi tonto cuestionamiento, (me causaba mucha gracia cuando mi tía se colgaba de ellos, se hamacaba con las piernas como mono de circo, ¿Dónde lo haría ahora?) nadie contesto mi pregunta. Apretando el huevo de pascua que papá me había dado en el aeropuerto de Mendoza antes de salir, subí al auto y lloré.

Mi nueva casa de estudio era la escuela nº 2 Doctor Benjamín Zorrilla, no se presentaba tan imponente ni tan grande como la anterior, tenía tres galerías y un salón de actos muy pequeño, también había un sótano, pero ya no estaba la pandilla para investigarlo. Su exterior era llamativo: amarillas paredes y techo color rojo que nos permitía distinguirla en el invierno entre la nieve.

La seño Elba Pastoriza no era tan dulce como la Seño Mariza y mi decepción fue mayor al encontrar que recién iban a comenzar a utilizar el libro que me había acompañado el año anterior. ¡Mis calificaciones fueron muy malas!, me aburría en clase, burlaba a la maestra y compañeros, pero nadie se dio cuenta de que esa niña solo quería volver a su antiguo lugar. Hasta que llego Cintia, una compañera en la misma situación que yo, nada más que estaba acostumbrada a esos cambios porque su papá era militar. Gracias a su amistad logré pasar ese año.

El verano llego, pero el viento y el frío no me permitían a disfrutarlo a como estaba acostumbrada. Mamá, la abuela y mi tío, se esforzaban para lograr que pudiera adaptarme: juegos de mesa en familia y cacitas armadas en el patio del fondo con los troncos de la estufa a leña, me ayudaron a pasar el tiempo y recibir el año 1988.

En tercer grado la señorita Elba volvía hacerse presente, pero algo había cambiado en ella, una enfermedad la abrumaba y hacía que fuera mas dócil con nosotros. Ya no me desagradaba tanto y hasta aprendí a quererla. Las tablas de multiplicar nos torturaron durante todo el año, y los verbos con ella… ¡como olvidarme de los dictados!, teníamos que copiar tres renglones de cada palabra que hubiéramos escrito mal.

Comencé hacer amigos, según la seño, el grupo que había elegido no era el mejor, seguramente ellos terminarían repitiendo, por falta de voluntad propia y desinterés de los padres. Delante y cerca de la ventana me sentó, así y todo continuaba con mi actitud rebelde, aunque la seño no quisiera, en los recreos me juntaba con Mariela y Yanina, creía que con esa postura volvería al país de Mendoza, era como llamaba a esta provincia.

Cuarto grado no marco mucho mi camino, lo único que recuerdo es que durante mucho tiempo estuvimos ensayando la canción y promesa a la bandera, el nombre de la seño y sus actividades están nulas en mi cabeza.

Un juego nuevo ocuparía mi verano, el softbol, gracias a el hice amigos en el barrio. Una tarde sentada en la plaza esperando a mis compañeros de juego, se acerco un joven con su guitarra y comenzó a tocarla, varios niños lo rodearon cautivados ante tan hermosa melodía… “Dulce doncella, te seguiré, te seguiré”, decía la canción…desde entonces y hasta hace dos años atrás participaba cada sábado en el grupo de la iglesia.

Mi suerte cambiaba, había comprendido que ese era mi nuevo lugar e incluso lograba acomodarme, solo faltaba el gran detalle, la escuela. La señorita Nancy: de cortos cabellos, claros ojos y una sonrisa atrapante, nos esperaba en quinto grado. Tuvo un trabajo muy duro conmigo, la parte mas difícil la hizo desde el principio, conquistarme; su presentación con un canto me cautivo. Demostré que sí sabía las tablas, aprendí a dividir por dos cifras, realizamos un paseo a la Misión Salesiana en la cual se encontraba el primer museo de la ciudad; en el pudimos ver: restos fósiles de los Onas (aborígenes que habitaban la zona), sus pertenencias, donde y como se organizo la ciudad de Río Grande, y descubrimos que la escuela a la cual concurríamos fue el primer colegio primario.

Todo año tiene algo malo, la seño Irma de dibujo en este caso, la perfección que ella pretendía a la hora de realizar los trabajos nos asustaba; un día termine en dirección por defender a una compañera: ese día Mónica, piojito como le decíamos, no había llevado su mezclador de pinturas, entonces, las había acomodado prolijamente en una hoja de papel, eso no estaba permitido y tampoco compartir el material de trabajo; la seño hizo un bollo el papel con las pinturas y lo arrojo al tacho de basura… pioji lloro. No pude contenerme, cerré mi carpeta de dibujo, guarde todas mis cosas y me negué a trabajar, si la seño no me dejaba compartir mi mezclador con ella. ¡Farana a dirección! Fue todo lo que se escucho.

En el recreo todo se olvidaba, las nenas éramos campeonas de elástico, los chicos competían con el otro grado en fútbol, y si todavía nos quedaban energías, nenas y varones armábamos una sola y fuerte cadena que trataba de vencer y romper la de 5to B, muchos quebrados y lesionados de nariz salieron de esos juegos, tanto así que se nos prohibieron. El tiempo transcurría llegando de nuevo actos de fin de año y despedida a los séptimos, así también pesebres vivientes en el barrio y la navidad; la recepción del nuevo año y algunos cumpleaños indicaban que sexto grado me esperaba, pero ya no iría sola a la escuela de mi mano iba tomada mi hermanita que con silenciosas lagrimas comenzó sus pasos en la escuela primaria. Me sentía muy orgullosa de que las dos fuéramos juntas, así podría defenderla de todo aquel que quisiera molestarla y de hecho así fue.

La seño Mercedes y Sandra abrieron las puertas de los sextos, la primera encargada de Ciencias Naturales y Matemática, a la segunda le correspondía Lengua y Ciencias Sociales. Mercedes sería la encomendada de mantener derechitos los pasos de sexto A. Increíblemente este año solo nos dedicábamos a estudiar, nunca nos habíamos comportado tan bien. Unos Participaron en las competencias intercolegiales de gimnasia: salto en largo y carrera eran sus especialidades; otros nos presentamos en la Feria de Ciencias con el tema Células. Llegó fin de año y la elección de abanderados y escoltas se llevo a cabo. Para alegría de mi familia el puesto de primera escolta me había sido asignado; gracias a la elección de mejor compañera y mis notas que habían mejorado mucho con el tiempo, podía ocupar este lugar..

El año 1992 lo recibimos como los grandes de la escuela, teníamos que dar el ejemplo, dijeron la seño Susana y Sandra… pero no fue así, el tercer día de clases todo séptimo a “A” firmo el libro de disciplina por escaparse de la escuela por la puerta trasera. A pesar de esto la comisión de padres y los maestros nos hicieron entrega de un obsequio: cinco días en la Hostería Cabo San Pablo nos esperaban a fin de año a todos aquellos que lográramos cumplir con las consignas que se fueran presentando a lo largo del período lectivo. A fines de noviembre nos subimos a un colectivo de la municipalidad encargado de llevarnos hasta la hostería, nuestros padres nos saludaban, algunos con lagrimas en los ojos. El viaje fue muy emotivo, compartimos: juegos, noches de vigilia al lado de enormes fogones, paseos nocturnos he historias que nos hacían morir de miedo. La hostería ubicada a orillas de la playa nos regalo la oportunidad de la pesca, juegos de voley en la arena, y el descubrimiento de un barco anclado.

Todo paso tan rápido que después del viaje y ha solo unos días tuvimos la entrega de diplomas, cambios de abanderados y escoltas, y la recepción de medallas en la cena de egresados organizada por la comisión de padres

Un 4 de diciembre de 1992 nos despedimos de la casa que nos había visto crecer y formarnos, ya estábamos listos para comenzar nuestra etapa de adolescentes.

Aquellos niños crecimos, pasamos el secundario y luego de eso algunos decidimos ubicarnos en diferentes puntos del país, otros optaron por formar una familia o simplemente conseguir un trabajo… pero el verano siempre nos reúne, y nos regala la oportunidad del encuentro en la casa de aquel que quiera abrir las puertas y poner el mate en la mesa para recordar viejas épocas.

… Esa niña que tanto deseaba volver a su casa nunca dejo su sueño solo se adapto y cayo un tiempo, pero nunca se rindió… hoy es una chica de 26 años, que le cuesta sentarse frente a esta hoja y recordar, pero que regreso al lugar que siempre añoro…

“Pupitre marrón plagado de huellas,que el tiempo tallo con manos maestras…”

6 comentarios

gabriel villagra -

yo pase mis primeros años escolares en la escuela daniel videla correa, mis compañeros me conocian como alejandro villagra, tengo muy lindos recuerdos su gran patio, dos pisos para recorrer, la sala con el escenario que para mi era inmenso y por sobre todo recuerdo el afoecto de una gran profe que siempre llevare en mi corazon Beatriz Pierini, aun que la cordillera nos separe tengo vivo su sonrisa, amabilidad, y cariño que demostrava por ayudarme, por eso siempre llevare en mi corazon la hermoza escuela que me inicio y el cariño de mostrado por mi profe Beatriz.

por siempre en mi corazon.....

Milagro -

HOLA SIL!!

No te parece que ya es hora de cambiar esa parte que dice ... A mis 26 años... creo que ya estas un poquito mas vieja o me equivoco??
Deja de hacerte la nena que eso le queda al NICO que es un bebito hermoso.
JA!! JA!!

Te Quiero...
Besotes

victoria trujillo -

Aun estoy un poco en shock con tu relato ,ya que directamente me identifique contigo cuando contaste lo de la escuela daniel videla correa donde tube la fortuna de estudiar y conocer gente que hasta el día de hoy no olvido ,tantas cosas lindas,los grandes amigos mi sobrenombre "estruja trapo" eso gracias a la herencia de mis hermanos en la escuela ,esos inolvidables paseo al copelia y las clases de musica en ese lugar digno de cualquier teatro era chica y para mi ese lugar era inmenso ,hoy vivo en chile estoy casa y con un hijo de dos años y la segunda semana de febrero los llevare a mendoza a conocer todo sobre mi cuando era niña ...Te agradesco un monton por lo que escribiste me hiciste volver a mi niñes.

Pablo Jofré -

Hola, me llamo Pablo, y al igual que vos, fui a la Daniel Videla Correas, pero tuve la fortuna de hacer el primario completo ahi. Durante 7 años compartí momentos inigualables con los mismos amigos durante esos siete años. Luego de terminar 7mo grado me vine a EEUU, y desde entonces no he vuelto a ver mi tierra querida, tampoco a mis amigos. Añoro todos los dias poder volver a Mza y visitar esos lugares que tan gratos recuerdos me traen, y poder ver nuevamente a esos amigos que quedaron atras pero que siempre estuvieron en mi corazon y pensamiento. Muy lindo tu relato, realmente te felicito.

Prof. Martín Elgueta -

Silvana quiero felicitarte por el relato logrado (más allá de la necesidad de corregir algunos errores ortográficos para mejorar aún más su presentación).
En este marco quería solucitar tu autorización para publicar dicha produción en el blog titulado "Biografías Escolares". Quedo a la espera de tu respuesta.

Milagros Ortubia -

Hola sil!! Forme parte de tu hitoria a través de tu relato el que tuve la suerte de leer en sus primeros pasos, es decir, cuando todavia dabas vueltas por poner o sacar algo de lo que habías escrito. Hoy que lo veo tan colorido en el blog quiero felicitarte y decirte que me encanto el mapa que pusiste de mi querido Tunuyán en la parte de análisis del caso.

Espero que la estes pasando super bien por tus pagos y recarges las pilas para volver...Te estamos esperando.

Un beso enorme para vos y tu familia.